La vivienda se ubica en un barrio cerrado de Buenos Aires, en un lote privilegiado por su posición frente a un amplio predio verde comunitario. Esta condición paisajística se convirtió en el motor del diseño: la casa se abre por completo hacia ese frente, maximizando las visuales y captando la luz natural, mientras que hacia la calle interior del barrio se presenta más cerrada y controlada, protegida por una pared de cobogó que, además de otorgar privacidad, define el carácter de la fachada.
El proyecto fue concebido para un cliente con intensa vida social y dos hijos adolescentes, por lo que se adoptó un esquema en planta en “L” que permite sectorizar funciones y generar un ala entera destinada a la recreación, con sala de tv, juegos, bar y música. El ala principal alberga el gran living–comedor que se integra plenamente al parque mediante cerramientos vidriados de piso a techo, borrando los límites entre interior y exterior. El espacio es acompañado y definido por una imponente escalera escultorica que se convierte en el eje central del ambiente y conecta la planta baja de ocio con la planta alta privada.
La planta alta reúne los dormitorios en suite con características de mini-apartamentos, incorporando kitchenette, estudio y vestidor. El dormitorio principal se abre estratégicamente hacia el parque con visuales enmarcadas, mientras que las suites de los hijos miran hacia el jardín interior, evitando vistas cruzadas y preservando la intimidad.
En el nivel de subsuelo se ubica un gimnasio conectado directamente con la pileta semiolímpica mediante una rampa verde, consolidando un recorrido fluido entre interior y exterior y asegurando que el jardín sea la vista predominante desde todos los ambientes, incluso desde los espacios de esparcimiento. Todos los ambientes, excepto el playroom, disfrutan de visuales abiertas hacia el parque y el entorno lejano, incluyendo el histórico castillo de Pacheco. Los parasoles de la planta alta, ubicados en puntos estratégicos, no solo protegen del asoleamiento sino que enmarcan vistas precisas, transformando cada abertura en una escena cuidadosamente compuesta.
La volumetría enfatiza la horizontalidad y el contraste entre transparencia y opacidad: una planta baja vidriada y ligera soporta una planta alta más contundente, cuyos amplios aleros inclinados transmiten la sensación de un volumen suspendido sobre la topografía. La materialidad combina estructura metálica y losas de hormigón armado, cerramientos vidriados de alta prestación con carpinterías de aluminio anodizado y DVH, paneles y parasoles metálicos, y la celosía de cobogó como elemento protagónico hacia la calle. Los interiores utilizan una paleta neutra, con pisos de madera para dar calidez.
El resultado es una vivienda que conjuga apertura y resguardo, transparencia y masa, vida social intensa e intimidad familiar. Su implantación, tratamiento de fachadas y control de visuales construyen una relación armónica con el paisaje, logrando que el entorno no sea solo un marco, sino parte esencial de la experiencia arquitectónica.