Frente al paisaje abierto de un barrio náutico en las afueras de Buenos Aires, la vivienda se implanta como una pieza contundente y silenciosa. Un volumen puro, revestido en acero corten, define una presencia sólida hacia la calle y se abre estratégicamente hacia el agua. La casa se concibe como una arquitectura de contrastes: resguardo y apertura, masa y transparencia, materia y paisaje.
Desde el frente, la fachada se presenta introspectiva y monolítica. Revestida íntegramente en acero corten, la fachada adquiere una presencia contundente y atemporal. La carpintería negra y los paños ciegos consolidan una imagen sobria y contenida que contrasta con la apertura total hacia el contrafrente y las vistas al río.
El acceso se produce a través de una secuencia controlada de planos metálicos y vegetación que conduce a un patio articulador. Este vacío organiza la circulación y permite que la naturaleza penetre en el corazón del proyecto, garantizando iluminación y ventilación natural en todos los ambientes. La vivienda se articula mediante aberturas estratégicas hacia el exterior, favoreciendo visuales cruzadas y una constante relación con el paisaje.
En el interior, la materialidad continúa el relato exterior. La madera domina pisos, cielorrasos y equipamientos fijos, aportando calidez y continuidad. El cielorraso de listones enfatiza la direccionalidad de los espacios y acompaña la mirada hacia el exterior. En contraste, el acero y el hierro negro —presentes en la escalera, la baranda y el hogar— introducen un lenguaje más industrial que equilibra la calidez predominante.
El estar principal se desarrolla en doble altura, ampliando la espacialidad y reforzando la conexión vertical. Una biblioteca en planta alta balconea sobre el espacio social, integrando usos y potenciando la escala interior. Los grandes paños vidriados hacia el frente acuático diluyen el límite entre interior y exterior, extendiendo el área social hacia la galería semicubierta y la expansión junto a la piscina.
En planta alta, una terraza protegida por una cubierta curva recorta el cielo y enmarca el paisaje. Este gesto introduce una geometría más orgánica dentro de la rigurosidad volumétrica general, generando un espacio de contemplación privilegiado hacia el río y la arboleda.
La propuesta articula masa y vacío, opacidad y transparencia, materia y paisaje. Más que imponerse, la casa establece un diálogo preciso con su entorno náutico, donde el paso del tiempo —visible en la oxidación controlada del acero corten y en el crecimiento de la vegetación— forma parte esencial del proyecto.